Viajar con niños puede ser agotador

Mientras vivimos nuestra maravillosa etapa de soltería y planificamos viajes con nuestros amigos, vivimos grandes aventuras, no nos preocupamos en lo absoluto por cualquier travesía que debamos vivir para llegar a nuestro lugar de destino, comemos, reímos, jugamos, y queremos incluso vivir experiencias extremas simplemente para pasarla bien y disfrutar de un momento nuevo y diferente. De igual forma si contamos con la compañía de nuestra pareja, es decir, si la soltería ha quedado a un lado y estamos compartiendo nuestros momentos gratos junto a alguien más, también disfrutamos al máximo y no perdemos ni un solo detalle de todo lo que ocurre durante el desarrollo del mismo, y no nos importa si debemos dormir incomodos o comer cosas que jamás habíamos probado, lo importante es pasarlo bien.

Sin embargo, cuando llegan los hijos todo cambia. Realizamos una planificación perfecta e incluso exagerada de todo lo que debemos guardar en la maleta antes de salir de casa, cuidando cada detalle y evitando que se nos quede el más mínimo objeto imprescindible, de ser posible nos llevamos la mitad de la casa solo para que nuestros hijos tengan una salida llena de comodidades y por supuesto que no les falte nada. Con este tipo de viajes por supuesto disfrutamos pero terminamos más agotados que cuando viajábamos con amigos o con nuestra pareja y esto se debe principalmente al estrés que nos genera el antes durante y después del viaje.

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